Son tan pobres que…

Tres Champions League en los últimos cuatro años. Una Liga tras siete años sin olerla. Un modelo deportivo de presente y futuro definido. Un entrenador querido. Una plantilla compensada. El mejor mediocampo del mundo. Perlas que en unos años serán diamantes. Todo esto no es suficiente para ellos. Esos a los que se les llena la boca cuando hablan de lloros y rabietas de todo aquel que osa enfrentarse a ellos. Los que rezan el lema de que sólo les importa la victoria, sea como sea. Esos que perder no saben, porque son mejores que tú, han ganado más que tú, y no rehuyen en recordártelo siempre. Esos que ganar no saben, porque pisando se encuentran cómodos, en plenitud. Seguir leyendo

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Dale, dale, dale… Que alguna cae

‘Mono’ Burgos, Gaspar, Sergi, Lequi, García Calvo, De Los Santos, Ibagaza, Álvaro Novo, Nano, Nikolaidis y Fernando Torres. En el banquillo: Sergio Aragoneses, Musampa, Jorge Larena, Rodrigo, Arizmendi y Gregorio Manzano. Esto fue una vez el Atlético de Madrid. Hace tiempo, pero no tanto como el que nos gustaría. Era la temporada 2003/04. Año en el que el Valencia fue campeón de Liga y el Real Madrid terminó en cuarta posición. Tiempos donde poder meter mano a los dos gigantes sin ningún temor. Tiempos donde el Atlético no entraba ni en UEFA. Tiempos donde los de Manzano recibían más goles de los que marcaban. Tiempos en los que el Atlético de Madrid era un niño imberbe. Qué lejos, y qué cerca queda aquello. Seguir leyendo

Mucho más que eso

Todo parecía oscuro. Las dudas se transformaban en certezas y aquel palo fue tan duro que ya no pudo levantarse. Hicieron del lema “Nunca dejes de creer” una religión. Lo llevaron a cabo y se lo tatuaron en la piel. Nunca hay un imposible para el que lucha con todo lo que tiene. Para el que se sacrifica para hacer felices a los demás.Se podía ganar o se podía perder, pero nunca había que bajar la cabeza. Y se bajó. Vaya si se bajó. Hasta el profeta que guió a los suyos a la tierra prometida dudó. La estocada fue tan mayúscula, que pensó que ese era su límite. Su legado se quedaría sin la guinda. Su espíritu se resquebrajó y el sueño se tornó en pesadilla. Otra vez. Seguir leyendo

El tiempo

El tiempo, en su afán más absoluto de protagonismo, nos va arañando momentos, vivencias y el presente. Actúa desde la sombra, casi sin dejarnos disfrutar el momento. Lo que es presente, se transforma automáticamente en pasado, en recuerdos. El tiempo es algo abstracto, del que no tenemos constancia. Es el indicador de nuestra vida. ¿Cuántas veces las horas se nos habrán convertido en minutos¿ ¿Y cuántas otras los minutos habrán sido horas? Medir el tiempo es complicado. A fin de cuentas, veinticuatro horas son veinticuatro horas, punto. Pero no son las mismas veinticuatro  horas para ti, que para mí. El tiempo a fin de cuentas, las personas lo medimos en relación a lo que hacemos, lo que sentimos, lo que vivimos. La materia, ni se crea ni se destruye. El tiempo, que empieza siendo un segundo, acaba transformándose en recuerdos.  Seguir leyendo

El fútbol, la vida

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Pasado el susto y recobrado la fuerza, me veo en la imperiosa necesidad de escribir estas líneas. Nos echamos a relatar situaciones o momentos vergonzosos como alimañas, a alimentar con carnaza hechos deplorables y a sacar nuestro lado más ultra cuando nos sentimos perjudicados. Vivimos el fútbol con la sensación de que un árbitro nos quita un premio, que un equipo nos impide la gloria o que un presidente nos hace un daño terrible. Y, después, pasan cosas como la de Riazor, y nos damos cuenta de lo que de verdad nos importa en este deporte. Y no, amigos. No es ganar.

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Cuestión de respeto

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Hablaba Simeone, tras el partido de vuelta de Copa del Rey en el Camp Nou, sobre arbitrajes. Decía, no sin razón, entender por qué es más fácil optar a ganar la Champions que a ganar la Liga o la Copa. Algunos se quedaron con lo que se veía del mensaje: se está quejando por la actuación arbitral del partido. Pero el mensaje iba más allá. Siempre va más allá.

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Memoria en crisis

img_6681Llegó el momento que tanto temíamos muchos. Simeone transformó a un equipo (y club) desahuciado y lo situó en la élite mundial. Con humildad, mucho trabajo y mucho coraje, consiguió lo inimaginable: pelear de tú a tú contra las grandes potencias futbolísticas (y económicas) de España y Europa. Estableció un oasis de paz en el desierto de la era gilista y acostumbró a una afición cansada de decepcionarse temporada a temporada a que lo imposible e irreal fuese posible y real. Aunque el tiempo, que no conoce de amistades, seguía su camino hasta lo inevitable. Seguir leyendo