El Ferrari de Del Bosque ya no tiene gasolina

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Vicente del Bosque es como esa persona que no tiene ni para agua y, de buenas a primeras, le regalan un Ferrari con el depósito lleno para que lo disfrute. Lo ha cuidado bien, lo ha llevado de forma razonable y ha ganado carreras allá por donde ha ido. Pero le llegó el día en que la gasolina de ese Ferrari se acabó. Sin tener para volver a reponer, y cabezón como él sólo, ha seguido intentando tirar de un Ferrari que no andaba hasta que ha reventado el motor.

Esa gasolina que le dejó Don Luis Aragonés como legado, esos futbolistas acoplados en un vestuario que respiraba buen ambiente y energía positiva, ese juego que enamoraba al mundo por velocidad, presencia y contundencia, se han esfumado. Y Vicente del Bosque, un buen entrenador que ha sido capaz de ganar dos Champions, un Mundial y una Eurocopa, no ha sabido estar a la altura de su papel. Un papel complicado, habría que reconocer. Porque lo difícil no es llegar, sino mantenerse.

Del Bosque o ganó todo a nivel de selecciones. O casi todo. Porque en la Copa Confederaciones sufrió un escarmiento que le debería haber hecho reaccionar. Pero no lo hizo. El Mundial de Brasil debería haber sido el punto de inflexión para tener dignidad y salir por una puerta grande que cada día se hace más y más pequeña.

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El entrenador no ha sabido regenerar una plantilla mermada. Mermada por edad, por rendimiento y por jerarquías. Muchos de los jugadores que nos hicieron grandes ni están, ni se les espera. Ejemplificar no estaría bien, pero hay un punto candente que ya a nadie engaña: el de la portería. Iker Casillas ha sido el más grande, pero ya no está. Y no se le espera. La exhibición de David de Gea debería servir a Del Bosque como punto primero para pensar en el cambio. La recuperación total de Víctor Valdés se antoja crucial para que el de Móstoles diga adiós dignamente. O no tan indignamente.

España vuelve a aburrir como antaño. Es motivo de burlas y blanco de mofas como en el pasado. La gente cambia de canal. El personal termina cabreado. La vuelta al pasado está siendo inevitable y también inesperada. El míster no ha sabido sacar jugo a lo que tiene. Me gustaría, como periodista y aficionado, asistir a un par de entrenamientos de la Selección Española para ver cómo entrena, qué entrena y si existen tácticas que vayan más allá del “salgan ahí a tocar hasta el final”. Porque llevan jugando de la misma forma dos años, ante cualquier rival, en cualquier circunstancia, se pierda o se gane, sin cambio aparente. Y eso es sinónimo de la nada.

La última vez que perdió España en fase de clasificación, estaba Luis Aragonés en el banquillo. Fue en Suecia (2-0), y las portadas de la mañana siguiente fueron una auténtica vergüenza. La campaña orquestada que comenzó después, para vomitar en la cara de más de uno. No espero que eso suceda con Del Bosque. Porque no va a suceder, y porque no sería justo. Lo justo sería que se fuese. Y que se llevase con él al mejor portero que ha tenido la selección española, pero que ahora mismo no es el mejor portero ni de su club.

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