El orgullo de un domingo cualquiera

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El orgullo es como el humor negro; se tiene o no se tiene. No puede ser pan para hoy y hambre para mañana. No puedes elegir cuando tenerlo, pero sí cuando demostrarlo. Sentir el orgullo por algo o alguien es una relación recíproca y complicada. Un ejercicio de fe y pasión que entierra la razón dos metros bajo tierra y libera el sentimiento hasta que te hace hasta daño.

El orgullo es algo hermoso, armonioso, puro. Cuando aparece en tu persona te sientes a gusto, libre, sano. Nada ni nadie te hará dudar. Pero, tengo una pregunta. ¿Y esa sensación de sentir orgullo antes de que algo pase? ¿El orgullo como hecho antes de la demostración? ¿Qué me decís de eso? ¿No es bello?

Pues eso sienten los aficionados del Atlético de Madrid. Hoy es domingo y saben que el miércoles estarán orgullosos. No saben si el viernes estarán en el bombo de la Champions League; ni si el equipo será capaz de vencer en el Santiago Bernabéu a uno de los mejores equipos del mundo. Tampoco saben el resultado. No saben absolutamente nada. Salvo eso. Saben que darán las 22:30. O las 23:00. O las 23:15. Da igual. Saben que llegará la hora del final del partido y estarán orgullosos. Porque así lleva siendo tres años.

Simeone y los suyos han conseguido cosas grandiosas. Títulos insospechados y finales imposibles. Lo han hecho todo y lo siguen haciendo. Pero el aficionado atlético conecta más con el sentimiento de pertenencia que con el de la victoria. Eso sí, dicho sea de paso, la conexión de ambos es tremendo. No importa el qué se consiga, sino el cómo. No importa cómo se gane, pierda o empate; importa la representación del aficionado en el césped. No importa nada más que el orgullo, que parecía perdido, de una afición que ha sufrido más de lo que merece.

Así es el orgullo. Así ha sido siempre. El miércoles ganará el Atleti o ganará el Real Madrid. Pero los aficionados rojiblancos van a sentir exactamente el mismo orgullo por los suyos. Unos venden la moto sobre que un equipo nunca será grande si no se demandan resultados, títulos y victorias. Los otros, simplemente, se dedican a vivir el fútbol como viven la vida. Con pasión, entrega y orgullo. Porque no siempre sale cara. Pero la cruz nos ha hecho más fuertes.

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