Basta ya, que alguien se haga respetar en el Atlético

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“¿Y qué hacemos?” Así titularía yo la crónica del Atlético de Madrid – Athletic Club. ¿Qué se puede hacer? Ya os lo digo yo: nada. El aficionado atlético está vendido en estos momentos. Vienen a tu casa, se ríen de ti, te roban sin disimulo ni vergüenza, y te vas a casa cabreado mientras a ellos se les escapa la sonrisa del trabajo bien hecho. Y este cigarrito para el cuerpo, por lo bien que lo he hecho. 

Dejemos claro que un árbitro se puede equivocar en una jugada puntual, de la misma forma que un delantero puede fallar un gol cantado. Que sí. Que son humanos y también fallan. Pero una cosa es fallar haciendo la raíz cuadrada de 17894 y otra decir que 2+2 son 5. O eres muy tonto o estás fallando aposta. Y eso es lo que mosquea. Lo sucedido en el Vicente Calderón ha sido inadmisible en todos los aspectos. No solo por cómo te anulan lo que no se puede y te castigan tras haber sido castigado. También por el trato. O mejor dicho, el maltrato. Lo felices que se sienten los de amarillo cuando arbitran a alguien de rojo y blanco. La sinvergonzonería, en todos los aspectos, que se ha presenciado hoy en Virgen del Puerto. Desde aquel gol anulado a Perea no recordaba nada así. Y me consta que el bueno de Arturo Daudén Ibáñez pitó lo que vio y ha pedido perdón desde entonces a todo aquel que se lo haya recordad. Le honra.
Pero la culpa no la tienen los árbitros. De un año a esta parte se ha creado un clima en torno al Atlético de Madrid y al colectivo arbitral que está desembocando en todo esto. Que si violentos por aquí, que si patadas por allá, que si protestan mucho, que si tienen carta blanca, que si superan el límite del reglamento. La realidad es que los corrillos arbitrales son más propios del Camp Nou; que los codazos y los puñetazos se los hemos visto repartir más veces a los de blanco que a los de rojiblanco; que el Atlético no está, ni de lejos, entre los que más faltas hacen en Primera División; además, por si fuera poco, sí está entre los que más recibe. Sin embargo el criterio para enseñar tarjetas amarillas para los de Simeone está a ras de suelo. A la mínima, te tiño de Simpson. Y eso está hartando a la plantilla. Al final el suministro de estramonio en Matrix ha ahondado en un colectivo que cada fin de semana sale más dañado.
Pero para hacerte respetar primero tienes que defenderte. El discurso de no hablar de árbitros está bien cuando ellos también te respetan. No cuando se ríen de ti. Alguien del club debería dejar ya las cosas claras. El Atlético no dispone de el mercado pirotécnico de bombo y platillo del que otros sí disfrutan. Hoy se hablará de esto, y mañana de la venta de Koke. Si estos 90 minutos son 7 kilómetros más al norte, arde Madrid y Latre no vuelve a arbitrar en primera división.
Basta ya de ser los tontos del lugar. ¿Qué es lo que pasa? ¿Dudan de la profesionalidad del Atleti ante el Barça y es mejor dejarlo todo atado? ¿Son así de malos los árbitros? ¿Y a qué huelen las nubes? ¿Cuál es el nuevo peinado de Cristiano? ¿Atleti? ¿Qué es eso? ¿Eso se come? Basta ya, joder. Alcen la voz. La única cosa positiva que dejó Jesús Gil en este club. Si te ríes del Atleti, vas a quedar retratado.
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