Si no estás enamorado, no finjas estarlo

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El día tenía que llegar, y llegó. Eran dos opciones: Chelsea o Barcelona. Eran dos maneras de irse: como el héroe y el jugador idolatrado que ha sido estos cuatro años, o como un mercenario que acaba yéndose con la más guapa tras dedicar un falso amor a los que sí lo sentían por él. 

Es el cuento de nunca acabar. En el fútbol en general, y en el Atlético de Madrid en particular. Aficionados que viven los colores rojiblancos como esa parte imprescindible de su día a día. Unas personas guiadas única y exclusivamente por el corazón. De esas que tropiezan setecientas veces con la misma piedra, y piensan al levantarse que la próxima serán capaces de saltarla. Pero no, vuelve a suceder. Es un ciclo que roza el masoquismo, pero que termina siendo inevitable. Aunque ellos no son los únicos culpables.

Los jugadores se aprovechan muy bien de los corazones de los hinchas más sentimentales. Calan hondo sin que nadie se de cuenta. Te ganan con declaraciones o pequeños gestos. Te hacen ver que toda la pasión que pones en animar a tu equipo y a quien porta su camiseta les ha llegado de verdad. Que la sienten como propia. Pero la puñalada siempre acaba llegando.

Arda, el hombre que dijo la siguiente frase: “Aunque Real Madrid y Barcelona son equipos muy poderosos en el mundo, si uno quiere al Atlético lo hace para siempre. Eso significa sentir los colores”, es el mismo que acaba de firmar por uno de esos dos equipos. Turan, el futbolista que vio como te robaban y se reían en tu cara, en tu Estadio y delante de tu gente, acaba firmando la sentencia de Judas. Él, el que en ese encuentro se desquició y lanzó una bota a un árbitro, ahora visitará el Manzanares en el otro bando. El que ríe. El que se ríe. De los suyos. Bueno, de los suyos no. Arda ya nunca será del Atlético.

Sus cuatro años, con altibajos, serán inolvidables. Ha formado parte del mejor Atlético de la historia. O uno de los mejores. Pero esos momentos quedarán en el recuerdo de los aficionados, como si hubiera sido uno más. Arda Turan ha pasado de tener ganado el corazón de los atléticos, a ser un simple nombre más en la mente del que, en el futuro, recordará la Liga mas difícil de todos los tiempos. Y es que yo lo tengo claro, si realmente no estás enamorado, no finjas estarlo. Porque del amor al odio hay sólo un paso. Y Arda, mal que nos pese, ha decidido caminar.

“Se necesitan 20 años para construir una reputación y cinco minutos para arruinarla”.

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