Extraordinario central, pésimo profesional

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Se terminó el culebrón. Otamendi va a ser jugador del Manchester City. Con las cifras todavía bailando, la realidad es que los ingleses se refuerzan con un defensa central con un presente y un futuro tremendo. Esconder las cualidades del argentino sería mentir sin mentar. Los chés pierden al jefe de su zaga y un seguro de vida en partidos de alta tensión. Un mariscal como no recuerdan por Mestalla (Ayala). Pero también pierden un niñato engreído y un futbolista que dista mucho de ser profesional.

Hace tan sólo un verano que Nico aterrizó en la Comunidad Valenciana para formar una pareja, junto a Mustafi, que hizo las delicias de una afición que se entregó a él, dándole un apoyo incondicional que terminó con el equipo clasificándose para la Liga de Campeones. Todo parecía precioso, pero en esa historia se interpusieron unos cuantos de millones de papeles en forma de dinero que corrompieron al central. Desde entonces, miedo. Terror a la marcha de Otamendi, pero más pavor porque esa condición despistase (y lo ha hecho) a todos del verdadero objetivo del club: la fase previa de la Champions.

Un partido que se juega mañana miércoles, pero que estará marcado por el adiós cobarde y rastrero de un hombre que ha hecho las cosas realmente mal. Deja al equipo que le ha dado la oportunidad de crecer (económicamente) colgado en el partido más importante de la reciente historia del Valencia; cojos en defensa con su negativa a participar en esta eliminatoria, y con un margen de maniobra muy limitado. 18 de agosto y, desde Valencia, tienen que hacer malabares para encontrar a un defensor que pueda dar el nivel que dio Otamendi. Con las plantillas ya metidas en competiciones nacionales y con casi todos los equipos con su estructura cerrada. Cruel, burdo y lamentable.

Jamás entenderé a esos equipos capaces de desembolsar una auténtica barbaridad de millones por un jugador que está dejando tocada la estructura de su club; un hombre que se niega a entrenar o a jugar un partido tan trascendental y una persona que se desliga del cariño que le dan y pone todo en manos de esos demonios con traje que son los representantes. El City se lleva un extraordinario central, pero un lamentable profesional. Habrá que ver lo que le renta a los nuevos ricos de Manchester. Pero el valencianismo deberá quedarse con los que sí están. Quizás no mejores futbolistas, pero sí más profesionales. Y eso es lo que debe seguir moviendo el fútbol, aunque cada vez lo pongan más difícil.

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