At. Madrid 0-3 Getafe

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Decía Arthur Sopenhauer que cada uno tiene un máximo de memoria para lo que le interesa, y un mínimo de memoria para lo que no le interesa. Y en ese alambre se encuentra la figura de Diego Pablo Simeone. Entre los que siguen acordándose  de cómo estuvieron décadas bajo la mesa de los ricos, esperando que la miga cayese para poder echarse algo al estómago, y los que creen que en el Vicente Calderón siempre ha existido el buffet libre. 

Entrar a valorar diferentes cuestiones tácticas, que el argentino se empecine más o menos en un estilo determinado y que, como todos los entrenadores del mundo, cometa errores, entra dentro de la lógica futbolística. Debate y enriquecimiento que llevan a tratar de mejorar cada temporada. Simeone ha acostumbrado a una hinchada masoquista a ganar, a ganar y a volver a ganar. Y dos empates en dos jornadas han nublado la vista a todos aquellos que se disfrazaban y abrazaban una filosofía de trabajo y creencia, pero que estaban esperando como hienas que algo así sucediese.

No lo obviemos, no podemos. Hay mucho aficionado atlético al que la definición de “pupas” le caló tan hondo que ni un hombre como Diego Pablo ha sido capaz de desterrárselo. Son esos, los denominados oportunistas, capaces de opinar que el delantero de turno es un “cojo”, y pedir al partido siguiente que el entrenador le saque del banquillo. Todos tenéis uno al lado en la grada. O delante. O detrás. Pero sabéis que están ahí. Esos que se olvidan que el Atlético viene de una época en la que perdía 0-3 contra el Getafe, se tiró tres lustros sin ganar al Real Madrid o su posición media en Liga rondaba el octavo puesto. Son esos los que critican a Simeone perder dos finales de Liga de Campeones. Y pudo haber planteado ambas de otra manera. Pero es de ser un hipócrita y un desagradecido, el señalar al que, durante un naufragio, se echó tu cuerpo a su espalda para acabar muriendo cuando ya veíais la playa. Es de ser un completo estúpido.

Los que nos agarramos a Simeone como el que se agarra a un clavo ardiendo, al todo o nada, no dudamos. No dejamos de creer (sin hastag). Porque sabemos que son dos empates. Porque sabemos que quedan 108 puntos. Porque sabemos que no hay ningún entrenador en el planeta Tierra mejor que él para sentarse en el banquillo del Atlético de Madrid. Y porque él abrazó a un club herido de muerte, a una afición desesperada y a unos jugadores hundidos, y ha puesto a ese club a la altura de las grandes potencias, a esa afición la ha hecho feliz durante cinco años, y a esos jugadores les ha hecho jugar por encima de su nivel. Porque si el barco se hunde con él, también se hundiría conmigo. Porque al hombre que me lo ha dado todo en mis peores momentos, le daré todo hasta que nada quede. Y porque el que no sabe de donde viene, no sabrá hacia donde va. Diego Pablo, tú con nosotros, nosotros contigo. Y en mayo, esos que te están clavando puñaladas, tendrán que lamerte las heridas. Los estaremos esperando.

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