Respeten a Fernando Torres

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Amo a Fernando Torres. Es parte de mi infancia, de mi adolescencia y de mi madurez. Siempre ha estado presente (en el Atlético de Madrid o no) en el fútbol que yo conozco, siento y padezco. Su llegada fue un embuste de adrenalina y felicidad. Desde que, hace casi dos años, volvió a su casa, su trabajo, comportamiento y actitudes han sido incuestionables. Intachables. Es uno de los nuestros. 

Ahora bien, me desmarco de los “quedabien” que con tres fotitos y una frase de apoyo buscan ganar seguidores fáciles y la palmadita en la espalda. Fernando es, ha sido y será para la historia de este club un jugador superlativo, vital. Su nombre permanecerá grabado al lado de leyendas como Luis Aragonés, Adelardo, Futre o Simeone. Se lo tiene merecido. Y es por esto que ser condescendiente con él es un error. No se lo merece, y además no creo que le guste.

El propio Simeone salía a rueda de prensa afirmando que el partido de Fernando ante el Rostov es uno de los mejores que ha jugado desde que el 9 volvió al Atlético. Diego Pablo sabe que no es así. Torres sabe que no es así. Cualquiera que viese ayer el partido sabe que no es así. Y no es un ataque al delantero. En absoluto. El partido de ayer no era del gusto del canterano. Equipo cerrado, pocos espacios y tocar el balón rápido. Tampoco podemos decir que su partido fue un horror. Bajó balones, fue apoyo para sus compañeros y peleó como el que más. Pero pelear, en este equipo, pelean todos. De lo contrario, no jugarían.

Eso sí, de ahí a decir que su partido fue bueno o “de los mejores” hay un trecho. Sería muy injusto conformarse con tan poco para con alguien que ha dado tanto por este club. Y a Fernando hay que empezar a valorarle como lo que es. Duela más o duela menos, es el suplente de Kevin Gameiro. Y, desde esa perspectiva, anotar que su temporada está siendo realmente buena. Aportando, asistiendo, marcando y rallando al nivel que se espera de un delantero suplente en un equipo que juega y aspira a ganar todas las competiciones. No hay más historia que ésta. Aunque algunos se empeñen en hacernos ver que este Torres es el de Liverpool (ojo, tuvo unos meses la pasada temporada rindiendo a un nivel estratosférico, de ahí su renovación).

Podemos entrar en el debate interminable de “con lo que nos ha dado” y terminar en una Guerra Civil que pasaron hace años al otro lado de la cuidad con su portero. En ello estamos. O, en cambio, podemos empezar a admitir que Fernando Torres ha de ser valorado como un jugador más de esta plantilla, como así lo ha repetido hasta la saciedad Simeone. Ídolo, sí, pero uno más. Y decir que ha jugado un mal partido no es ir contra su figura o ser un mal atlético, ni decir que ha hecho un buen encuentro te transforma en presidente de la “YihadTorrismo” (que sí, que existe).

Respetar el nombre, la figura y la historia de Fernando Torres empieza por exigirle como se le exige al club, como se le exige a Simeone o como se le exige a Koke. La condescendencia terminará nublando opiniones, hará que un partido de 3 se transforme en uno de 8 y que uno de 7 sea visto como un 2. De la opinión a la falta de respeto hay un alambre muy fino. Y muchos se empeñan en bailar sobre ese alambre manchando el nombre de Fernando. Déjenle hacer y juzguen sin las manos en los ojos. Empieza a ser absurdo.

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