Bienvenido, Mister VAR

Llevaba Diego Roberto Godín Leal jugando 30 minutos totalmente cojo, de delantero centro, casi sin poderse mover ni saltar, cuando le cayó un balón a la cabeza en el minuto 90. Remataba a boca de gol y marcaba el 3-2. Tras un partido sufrido, en el que el Atleti tuvo que ir siempre a contracorriente, y en el que estaba jugando con Saúl y Thomas como centrales, el uruguayo salvaba la vida a un equipo que tiró de corazón. Pero los señores colegiados se encargarían de que esa felicidad cayese en saco roto. Fuera de juego o juego peligroso, lo desconozco. Pero decidieron que ese tanto no debía subir al marcador.

Ilusos, no cayeron en que este año existe algo llamado VAR. Un progreso para el fútbol que aún necesita mejorar, pero que está haciendo de este deporte algo más justo. En salto de longitud no se puede pisar la línea, en los 100 metros lisos no se puede salir antes del disparo, y en el fútbol los goles legales son legales. Y punto. Ese dichoso aparato echó por tierra una exhibición sin igual e Sánchez Martínez sobre el lamentable terreno de juego del Metropolitano. Los malos árbitros no se captan en un gol mal anulado o un penalti que se va al limbo. Los malos colegiados se captan por la manera desigual de repartir justicia.

No es nuevo en el Metropolitano, como tampoco lo era en el Calderón, el vivir arbitrajes surrealistas a los que vamos a llamar “microatracos”. No están dando goles ilegales ni te están birlando penaltis. Pero te hacen mella con faltitas o tarjetas amarillas, mientras son más permisivos hacia el otro bando. Sánchez Martínez dio una masterclass de esto. Me encantaría tener a algún árbitro federado delante para poder preguntarles porqué razón a Diego Costa se le amonesta por respirar, mientras que a un tal Luis Suárez se le permite cagarse en su árbol genealógico  casi en cada jornada. Curioso. O no.

La realidad, volvemos a lo del principio, es que existía el VAR, y dio como legal un gol que significó mucho más que tres puntos. Porque este equipo necesitaba una victoria así, y esta afición imploraba esta conexión con su plantilla. Además, dicho sea de paso, el Metropolitano también debe inyectarse encuentros de esta índole para empezar a escribir su propia historia.

Recuerdo un partido, también contra el Athletic, en el que se anularon tres goles al Atlético de Madrid y se le escamoteó un penalti a favor. Jamás vi a Fernando Torres tan en trance como en aquel partido. Terminó 0-0 y el Atleti pudo quedarse sin tercera plaza por esos puntos. Por entonces no existía el VAR, y ya nadie recuerda lo que allí pasó. Hoy hemos tenido la suerte de que esto ya forma parte del fútbol. Pero nos hace pararnos a pensar y a reflexionar en todo lo que nos hemos perdido por el camino. Otra vez será, Sánchez Martínez.

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