La esencia perdida

El mal juego, la falta de gol, las oportunidades perdidas… Bien, el Atlético de Madrid de esta temporada está teniendo diferentes problemas que habría que ir corrigiendo para enderezar el rumbo (por lo menos en cuanto a sensaciones). Pero hay algo que me preocupa mucho más que no tener un estilo definido, que esté costando tanto anotar gol o que no se esté aprovechando el mal inicio de Barça y Real. Y eso es la pérdida de esencia.

Las marchas de Godín, Gabi, Fernando o en su momento las de jugadores como Raúl García fueron un golpe que iba mucho más allá de lo futbolístico. Marchas que no han sido reemplazadas. Marchas que se notan.

Ayer, desde el videoarbitraje volvieron a reírse del Atlético de Madrid. Como se rieron en el Sánchez Pizjuán antes del parón de selecciones. Es indecente que con las ayudas tecnológicas no se señalara penalti en la patada a un Dario Poveda que solo tenia que empujar el balón a un metro de la portería. Pero más indecente fue la indolencia dentro del terreno de juego de los que ayer iban de negro.

Nadie protestó con vehemencia, no exigieron al colegiado que revisase la acción y, tras finalizar el partido, solo un recién llegado como Héctor Herrera alzó un poco la voz contra lo que pasó en el minuto 92 en Granada. Ni entrenador, ni cuerpo técnico, ni capitanes. Nadie. Lleva ya demasiado tiempo ocurriendo cosas “extrañas” alrededor de los arbitrajes al equipo rojiblanco. Aquella sanción a Diego Costa de ocho partidos, esa fijación por Álvaro Morata, fueras de juego ratificados por un VAR en Babia… Se ríen del club desde LaLiga y la RFEF y nadie hace absolutamente nada. Mientras, la afición, que es la que lo sufre, vendida.

Cuando el Atlético de Madrid esté descolgado, definitivamente, de la pelea por el título, empezarán a señalar penaltis y pasarán cosas para que, los de siempre, señalen que el equipo del pueblo es beneficiado. Esta historia la hemos visto ya demasiadas veces. Pero que se haga, además, con una herramienta tan nítida como el VAR es cachondearse de una entidad. Entidad vendida por sus dirigentes al que le parece una mala noticia que Madrid y Barça no ganen y al que se lleva la Supercopa a Arabia Saudí.

Esencia perdida. Eso sí que es peligroso. Porque convierte al Atleti en un equipo cualquiera.

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