El amor en su apogeo

Hace algún tiempo tuve una pareja con la que fui muy feliz, pero con la que se rompió el amor de tanto usarlo. Y no, no utilizo este ejemplo para hablar de la relación Simeone – Atleti. Lo hago porque ella y yo llegamos a esa situación porque pensamos que el presente era el espejo del pasado. Y que nos queríamos de la misma forma que cuando nuestro amor estuvo en su máximo apogeo.

Algo así pasa con el Atlético de Madrid. En la retransmisión del enfrentamiento ante el Leipzig, pudimos escuchar a un hombre de fútbol como Jorge Valdano hablar de la superioridad a balón parado de los rojiblancos. Tanto en área propia como ajena. Algo que se aleja mucho de la realidad. Como se alejan las declaraciones previas al choque del entrenador del equipo alemán, Julian Nagelsmann, que llegó a decir que el Atleti “siempre roza la provocación, les gusta dejarte un regalo cuando la pelota no está en juego”.

Ese Atleti, como el apogeo de un amor pasado, ya no existe. Lo volvimos a ver durante el confinamiento cuando nos repitieron exhibiciones como las de Stamford Bridge o el “resistiré” de Allianz Arena. Pero aquel Atleti aguerrido, duro como una roca y finalizador a balón parado, no está. Se esfumó. Y lo ha hecho porque ya no tiene los jugadores que tenía antes, porque es la ley del balompié.

Al menos una de esas leyes. ¿Sabéis cuál es otra? Que no siempre pierdes tú, o juegas mal tú. A veces, simplemente, tu rival es mejor. Fin. Y eso fue lo que pasó en el Jose Alvalade. El Leipzig fue un equipo más serio, más constante y más intenso (esto último, especialmente doloroso). Sin grandes alardes y con un disparo a puerta, marcó dos goles y se llevó la eliminatoria. Puede pasar, y pasa. Y más con una Champions League al más puro estilo Mundial. Un mal día te manda a casa, no tienes la redención del partido de vuelta.

Algo que me lleva al siguiente punto. Escribía Carlos Matallanas esta mañana lo siguiente en su perfil de Twitter: “La nueva normalidad en verdad existe desde hace años […] Un ejemplo, entre miles, es que sea tendencia que los aficionados de un club conviertan en exigencia ganar la Champions”. Tan duro como real. En el fútbol de hoy en día, la derrota no tiene cabida. Y al Atlético de Madrid de Simeone, ese al que llevan todo el año diciendo que está haciendo una temporada nefasta, se le estaba exigiendo ganar una Liga de Campeones. Exigir. A un equipo que no tiene ninguna.

Esto, por cierto, se puede llevar también a las competiciones domésticas. Simeone y su Atleti no pueden caer eliminados de la Copa del Rey, ni perder en El Sadar, ni empatar en Balaídos. Esto, para un equipo acostumbrado a ganar títulos de vez en cuando, es un poco extraño. Y es culpa, qué duda cabe, del Cholo. Hace diez años al Atleti no se le exigía ganar Copas de Europa porque ni las olía, claro.

Pero, y con esto ya acabo, no perdamos la perspectiva. Los que hoy señalan al Atlético de Madrid por caer eliminado ante el Leipzig son los mismos que hace un mes le pusieron el cartel de favorito (de forma absolutamente interesada). Y siguen siendo los mismos que en marzo (antes del parón) sacaban a la luz sus cuentas pendientes con el argentino tildando la temporada de fracaso absoluto. También lo son los que hacían listas, encabezadas por Joao Felix, de fichajes fracasados, y que en la noche de ayer firmaban que era un crimen que el argentino le dejase en el banquillo. El primer error del aficionado atlético es el mismo de siempre: dar por bueno todo lo que consumen.

¿Autocrítica? Toda la del mundo. ¿Por presupuesto e historia debería haber pasado el Atleti a semifinales? Seguro. Tan seguro como que el PSG se quedó a un mal pase de Neymar de quedar eliminado ante el Atalanta o que el Real Madrid podría haber remontado al City si Varane hubiera estado más acertado. Porque esto es, simple y llanamente, fútbol.

No será, por cierto, que no avisó Diego Pablo de lo que sería esta temporada: un año de transición. Que me vengan a mi más transiciones con un tercer puesto en Liga y cuartofinalista en Champions. Quieren enterrar a Simeone y lo acabarán consiguiendo. Pero, como atléticos, no ayudéis a poner arena en su zanja. Dejémosle encontrar un nuevo Atleti que vuelva a llevarnos a ese añorado apogeo.

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