Sobre ‘Fernando Torres: el último símbolo’

En la madrugada del jueves al viernes se estrenaba el documental que hablaba sobre la carrera de Fernando Torres. La expectación, en especial en la hincha rojiblanca, era total. No es para menos. En tiempos de pandemia ante la falta de su Atleti, poder escuchar al ‘niño’ qué fue lo que sintió durante sus dieciocho años como profesional era una bocanada de aire fresco.

Visto el documental y, por supuesto, amparado en mi opinión, fue una enormérrima decepción. Porque tenían el material, tenían la historia y existían los sentimientos. Los de un chaval que tuvo que abandonar su casa para que esta no volviese a hundirse, y que lo hizo para poder buscar lo que allí jamás iba a conseguir. Las de un hombre que, fuera, se dio cuenta que por mucho que ganase siempre le iba a faltar algo, y la de un futbolista que, en el peor momento de su carrera, fue rescatado por el club que tuvo que dejar siendo un crío para poder volver a sonreír.

Pero todo fue yéndose a picado con el paso de los minutos. Ya pareció extraño que, antes de llegar al primer cuarto de hora, apareciese la figura de Javier Matallanas. Pero la mente estaba enfocada en disfrutar de esas casi dos horas, así que lo dejamos un poco apartado. Sí fue curioso hablar de su primera etapa en el Atleti, y obviar el centenario del club, cómo se lo perdió por una lesión y la forma en la que regresó a los terrenos de juego con un doblete. Me hubiera gustado conocer qué sintió en ese tiempo y cómo fue perderse un partido así. También su gafe ante los derbis y lo que sintió al marcar a Casillas por primera vez en un grito de gol que no se ha vuelto a vivir en el Vicente Calderón. Otra vez será.

Con mayor o menor acierto, repasaron su estancia en Inglaterra y en la selección. A Milán le dedicaron treinta segundos. Muchos fueron. Y tocaba repasar su vuelta a casa. Esos tres años y medio que tuvo para volver a disfrutar de rojiblanco, volver a marcar goles en el Vicente Calderón, inaugurar el Metropolitano y ganar, por fin, un título con el club de sus amores.

Fueron casi cuatro años de historias. De subidas y bajadas en su rendimiento, pero de emociones. Como su segunda mitad de temporada 2015/16 donde, de la mano de Koke, volaba. Su gol cien, que tanto costó, tanto se sufrió y tanto se celebró. Aquella polémica expulsión en el Camp Nou en unos cuartos de Champions. La vuelta de semifinales en el Allianz Arena, donde falló un penalti. El 4-0 al Real Madrid la temporada anterior. Hubiera sido un buen tema de conversación el que nos tratase de explicar como, temporada a temporada, Fernando partía por detrás de un delantero nuevo y, al terminar el curso, siempre estaba por delante. Mandzukic, Jackson Martínez, Kevin Gameiro…

Pero no. Lo que se decidió de ahí al final del documental fue un masaje de Bahía a la figura de Fernando Torres y un ataque y derribo a la de Diego Pablo Simeone con Antonio Sanz a la cabeza. De la boca del propio Fer oímos como “a las leyendas hay que respetarlas”. Pero esos minutos finales fueron muchas cosas, pero no hubo respeto alguno por la figura del Cholo. Transformar algo tan hermoso como la historia del último símbolo de la gente en algo tan bochornoso me dio vergüenza ajena y me llenó de indignación. Porque no hay derecho.

Y porque salieron los dos protagonistas, tanto Fernando como Diego Pablo, hablando y diciendo lo mismo ambos. Tuvieron una reunión en casa de Gil Marín en la que ambos fueron claros y sinceros y se dijeron lo que pensaron del otro. Salieron de allí dándose un abrazo. Pero poco importa eso, porque Bahía tenía un plan. Lo lleva teniendo desde que Torres regresó al Vicente Calderón. Y no es otra que hacer mella, desde la prensa, para derrocar la figura de Simeone. Empezaron con este “enfrentamiento” entre dos leyendas, este mismo año lo intentaron también con Germán Burgos… Y seguirán haciendo lo que esté en su mano. ¿Recordáis la pérdida de conocimiento de Fernando en Riazor? Esas imágenes sí salieron en el documental. Me dio pánico porque pensé que justo después saldría Matallanas diciendo lo que aquella noche trágica escribió. Que a Simeone no le importaba la salud de su jugador. Supongo que, esta vez, la cobardía ganó.

En resumidas cuentas. El documental sobre Fernando ha terminado siendo un “lo que pudo ser y no fue”. Y es una verdadera pena. Una persona tan sumamente inteligente no puede estar peor asesorado. Los atléticos quieren su vuelta, le quieren de presidente. Pero tiene que ser solo. Esa gente no puede poner un pie en el Atlético de Madrid porque se rigen por su propio interés. Y de eso la gente del Atleti ya lleva comiendo 33 años. Quieren algo distinto.

Decepción.

 

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