Esto es lo que hay

Podríamos hablar largo y tendido del partido que tuvo lugar en Múnich en la noche del miércoles 21 de octubre. Pero la realidad es que todo se resume en una frase: ESTO ES LO QUE HAY.  Vimos la diferencia entre un equipo aspirante que se mueve económicamente como tal, y uno que, dicen, es aspirante y que se mueve económicamente como un equipo de preferente.

Solo así se puede explicar cómo en un buen partido del Atlético de Madrid se llevaron cuatro y cómo en un partido a medio gas del Bayern, metieron cuatro. Porque la sensación que dejó la fecha inaugural de esta Champions League es que los rojiblancos dieron todo lo que tenían y los alemanes no. Que un Bayern a pleno rendimiento podría haber hecho mucha más pupa de la que ya hizo. Que hay una diferencia sideral entre los dos conjuntos. Y que los equipos españoles se están quedando muy atrás en Europa.

Este partido sirvió para constatar algo de lo que ya veníamos avisando hace algún tiempo. El Atlético de Madrid se ha acomodado en sus clasificaciones para Liga de Campeones (vía tercer puesto) y sus octavos/cuartos de final anuales. Y cuando digo Atlético de Madrid, me refiero a esos de traje y corbata que nos venden como grandes gestores mundiales.

Esa costumbre, construida por obra y gracia de Milagros Simeone, algún día dejará de ser costumbre. Porque, como ya dije, llegará el día en que, con lo que hay, no de para obrar ningún milagro más. Solo así se explica que el Atleti haya cambiado a Lucas Hernández por Mario Hermoso; a Rodrigo Hernández por Héctor Herrera; a Antoine Griezmann por un chaval por pulir; a Thomas Partey por… Por nadie. La involución a la que está sometida esta plantilla, algún día tenía que explotar. Y lo hizo en el peor de los escenarios.

Porque nunca, nunca jamás, había visto al Atlético de Madrid de Simeone tan sumiso. Tan endeble. Tan superado. Y eso que a lo largo de estos años hemos presenciado días duros, como el de Turín hace dos temporadas o en Lisboa hace dos meses. Pero allí no apareció el Atleti que sí hizo acto de presencia en Múnich. Porque fue un buen Atleti. Y la sensación era que daba igual que Luis Suárez marcase la que tuvo, o que Carrasco hiciese lo propio. Porque el Bayern hubiera subido una marchita y lo hubiera liquidado igual. Fue la primera vez que vi al Atleti de Simeone jugar un buen partido y, aún así, estar a merced del rival. Frustrante y definitorio.

Esto es solo la punta del iceberg. Más pronto que tarde, el Sevilla quedará por encima del Atleti en Liga. No vendrá el Bayern, pero vendrá otro, y volverá a pintar la cara a una plantilla diezmada temporada a temporada. Llegarán los insultos a Jan Oblak cuando decida irse y volveremos a pitar a Koke cuando podamos entrar, de nuevo, en el Metropolitano. Mientras tanto, ellos seguirán. Y con todo el dinero que ha generado el Atleti en la última década, pagarán las deudas en las que han metido al club. Incluido ese Estadio tan bonito con el que todos íbamos a salir ganando.

Esto es lo que hay. Lo que lleva habiendo 35 años.

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