Españoles, el VAR ha muerto

Recuerdo la emoción que sentí al ver el uso del VAR en el Mundial de Rusia. Se acababan las injusticias y los errores arbitrales que podían decidir partidos. Allí, los colegiados no dudaban en rehacerse  de sus propios fallos. Tomaron el VAR como ayuda para mejorar y no para quedar retratados. Ese VAR se quedó allí. Seguir leyendo

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Estoy cansado

Estoy cansado de los repartecarnets. De esos que creen que el Atleti es lo que ellos dicten y punto. De los de “ojalá bajemos a segunda y nos quedemos los 20.000 de siempre”. De los de “esto es el Atleti” y “esto no es el Atleti”. De los de “si te gusta el nuevo escudo no eres de este equipo”. De los de “te gusta el Metropolitano porque eres un vikingo más”. De los de “no tienes razón porque ni saltas, ni animas, ni viajas con el equipo”. Seguir leyendo

Respeto

A día de hoy, en el mundo del fútbol hay dos cosas, por encima del resto, que a los jugadores les cuesta ganar. No es la Champions League, o el Mundial. No son Ligas, ni Balones de Oro. Me refiero al respeto y el cariño de la hinchada para la que juegan. Este deporte ha cambiado muchísimo en los últimos años. Se ha convertido en un mercado que mueve cantidad ingente de dinero. Y eso, los billetes, han adelantado por la derecha a lo que siempre había sido lo verdaderamente importante: el balón.  Seguir leyendo

Ingrato

Según la Real Academia Española, decir que alguien es un ingrato es reconocer que es un “desagradecido, que olvida o desconoce los beneficios recibidos”. Según Imanol Echegaray, el que escribe estas líneas, de ahora en adelante ingrato significará ser Thibaut Nicolas Marc Courtois. Seguir leyendo

Bienvenido, Mister VAR

Llevaba Diego Roberto Godín Leal jugando 30 minutos totalmente cojo, de delantero centro, casi sin poderse mover ni saltar, cuando le cayó un balón a la cabeza en el minuto 90. Remataba a boca de gol y marcaba el 3-2. Tras un partido sufrido, en el que el Atleti tuvo que ir siempre a contracorriente, y en el que estaba jugando con Saúl y Thomas como centrales, el uruguayo salvaba la vida a un equipo que tiró de corazón. Pero los señores colegiados se encargarían de que esa felicidad cayese en saco roto. Fuera de juego o juego peligroso, lo desconozco. Pero decidieron que ese tanto no debía subir al marcador. Seguir leyendo

Cuestión de escudo

“La felicidad es mi espada y mi alegría, mi escudo – Martín Lutero

Vivimos en un mundo gobernado por el dolor. En una hora de informativos se pueden llegar a escuchar hasta veinte noticias trágicas diferentes. “Una mujer asesinada por su marido”, “dos perros sufren una paliza por parte de su dueño”, “un niño se ha perdido”, “una bomba estalla en Siria”, “un político roba”. Por si fuera poco, por norma general nuestros pensamientos siempre se van al extremo negativo que al positivo. “Seguro que hoy no cobro”, “hoy perdemos”, “se me va a quemar la comida”, “no le gusto”.  Seguir leyendo

Dale, dale, dale… Que alguna cae

‘Mono’ Burgos, Gaspar, Sergi, Lequi, García Calvo, De Los Santos, Ibagaza, Álvaro Novo, Nano, Nikolaidis y Fernando Torres. En el banquillo: Sergio Aragoneses, Musampa, Jorge Larena, Rodrigo, Arizmendi y Gregorio Manzano. Esto fue una vez el Atlético de Madrid. Hace tiempo, pero no tanto como el que nos gustaría. Era la temporada 2003/04. Año en el que el Valencia fue campeón de Liga y el Real Madrid terminó en cuarta posición. Tiempos donde poder meter mano a los dos gigantes sin ningún temor. Tiempos donde el Atlético no entraba ni en UEFA. Tiempos donde los de Manzano recibían más goles de los que marcaban. Tiempos en los que el Atlético de Madrid era un niño imberbe. Qué lejos, y qué cerca queda aquello. Seguir leyendo

Mucho más que eso

Todo parecía oscuro. Las dudas se transformaban en certezas y aquel palo fue tan duro que ya no pudo levantarse. Hicieron del lema “Nunca dejes de creer” una religión. Lo llevaron a cabo y se lo tatuaron en la piel. Nunca hay un imposible para el que lucha con todo lo que tiene. Para el que se sacrifica para hacer felices a los demás.Se podía ganar o se podía perder, pero nunca había que bajar la cabeza. Y se bajó. Vaya si se bajó. Hasta el profeta que guió a los suyos a la tierra prometida dudó. La estocada fue tan mayúscula, que pensó que ese era su límite. Su legado se quedaría sin la guinda. Su espíritu se resquebrajó y el sueño se tornó en pesadilla. Otra vez. Seguir leyendo